La familia Bélier: ¿y si quien interpretara a un sordo fuera sordo?

Otra forma de llevar a la gran pantalla la discapacidad física de los personajes

Decía Vittorio Gassman que la mejor cualidad de un actor es ser mercurial, saber adaptarse a la temperatura del momento. Una aclimatación que en ocasiones implica restar sentidos si el personaje sufre una discapacidad física. Pero, ¿y si no hiciera falta importarlo y quien interpretara a un sordo fuera, sencillamente, un sordo? ¿Sumaría o restaría verosimilitud a la historia y a esa aclamación del actor

Actualmente coinciden en la cartelera española dos películas francesas que abordan el asunto desde los ángulos contrapuestos del debate. En «La historia de Marie Heurtin», que narra la vida real de una niña sordociega, su director, Jean-Pierre Améris, escogió a la actriz sorda Ariana Rivoire como protagonista. «Quería incluso afinar más y que no fuera solo sorda, sino también ciega, y que así la interpretación fuera más veraz, pero fue imposible», explicó a ABC.

El caso contrario lo representa la comedia «La familia Bélier», éxito en el país vecino con versión «made in Hollywood» en camino. La cinta se centra en una familia de granjeros sordomudos y en su hija adolescente, que no solo puede hablar y escuchar, sino también cantar.

Simultánea al aplauso cosechado ha despertado, también, su ración de críticas en Francia y Reino Unido, debido a que los actores que interpretan a los padres no tienen discapacidad auditiva alguna. «Cuando escribo mis personajes tengo imágenes de actores que me vienen a la cabeza. En todas mis películas ha sido así, en esta vi enseguida a Karin Viard y François Damiens», explica su director, Eric Lartigau, a ABC, defendiendo que ambos se empaparon del lenguaje de signos.

Pero el resultado no ha sido del agrado de parte de la comunidad sorda, que le recriminó su elección de casting: «Es como si James Bond pidiera su martini ‘shaken not stirred’ con un profundo acento ruso», criticaron desde la asociación Visual Theatre.

«Fue una voluntad artística elegir a estos actores, aunque me decían que por qué no escogía actores sordos, que los hay muy buenos. Pero no he querido hacer un documental sobre sordos, quería hacer una película, y da la casualidad de que esta familia lo es, pero no es su tema principal», aduce Lartigau. «Lo propio de un actor es poder entrar en la piel de cualquier tipo de persona. Si tiene que aprender inglés o japonés lo hará, si tiene que ser policía le enseñarán a manejar un arma», defiende.

Algo inaudible para aquellos obligados a hablar con las manos y oír con los ojos, que se preguntan si el argumento sería intercambiable: «¿Permitiríamos que unos actores se pintaran la cara para interpretar a un personaje negro?», plantean, convencidos de que no es una cuestión de temperatura.

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